Día de San José en Valencia
Miro
al cielo como cada día, es lunes y huele
a primavera. Manolo se frota las manos –en
él es señal de fiesta-, las apoya en el volante y dice:
-¡Rumbo
a Valencia! A casa de los tíos, desde su balcón se ve quemar la falla de la
esquina y comeremos chocolate con buñuelos
Me giro para ver a nuestras hijas, están tocando
palmas. Las observo, Delia dentro de una semana hace 5 años y Laura tiene 15
meses de edad. Me vuelvo a Manolo y le digo:
-Después
del almuerzo que nos hemos dado seguro que se endormiscan, Elegir la hora de la comida para entrar en la
ciudad ha sido un acierto
Mis
cuñados viven en pleno Barrio de Ruzafa,
cerca del Mercado y ambos están enamoraditos de nuestras hijas y ellas también,
sobre todo de su tía Pilar, la hermana pequeña de Manolo. Ya estamos en el portal de la
casa. Llamamos al telefonillo. Como no contestan usamos las llaves que nos han
dado. El edificio es muy bonito, pero sin ascensor. Subimos los cuatro pisos
con la pequeña en brazos Manolo, porque se ha dormido. Yo con la mayor
despacito, escalón a escalón y cargada de trastos. Volvemos a tocar el timbre de la puerta, al no oír movimiento en el interior, abrimos.
-No
hay nadie –dice Manolo- habrán ido a la Mascletá de la Plaza del Ayuntamiento. Aún tardarán.
Lo
primero que hace mi hija la mayor es entrar en la casa y mirar todas las habitaciones.
Luego se coloca un pequeño taburete en la ventana del salón que da a la parte
interior, un patio de luces de una gran manzana y hace mención de subir a él
para asomarse. Yo le digo:
-Eso
no puedes hacerlo si no hay una persona mayor a tu lado -Ella me dice:
-Quiero
ver a los gatitos que viven ahí. Dame algo para que coman
-Luego
–le contesto yo, devolviendo el taburete a la cocina- Ahora están durmiendo la
siesta
Manolo
se deja caer en la cama de la habitación con la niña pequeña. Enciendo la tele,
pongo dibujos a Delia. Ella se sube al sofá y me siento en el sillón de al
lado.
Abro
los ojos. He debido dormirme. Miro el sofá. Está vacío
-¡Delia!
-no contesta, la tele sigue en marcha-.
Me
pongo de pie. Voy a la habitación donde duermen Manolo y la pequeña. Recorro
toda la casa
-Delia,
no juegues al escondite. Por favor Delia, responde –el corazón se va a salir de
su sitio. Estoy muy asustada. Corro a despertar a Manolo
-Manolo, he dormido una cabezada y no encuentro a Delia en ningún sitio –me está empezando a temblar la voz y él lo nota-, y dice:
-Tranquila. Se habrá escondido- Me fijo en la puerta del rellano, y digo:
-No hemos dado la vuelta a la llave.
Abro
la puerta y empiezo a llamarla. Manolo se está empezando a asustar. Veo su cara
crispada. Sigo llamándola, bajando
escaleras. Salgo al patio. De ahí a la calle que está cortada para los coches y
vacía de gente. Vuelvo a gritar su nombre. Miro el reloj. Son las 4 de la tarde.
Entro. No sé cómo subo. Ni la cantidad
de pensamientos que se están cruzando, ninguno bueno. La cabeza parece un
tambor, las pulsaciones no están en el corazón, están ahí. Manolo está casi en
el mismo sitio, pero esta vez con la pequeña en brazos.
Giro
mi cabeza hacia la ventana. El taburete está allí. Manolo sigue mi mirada y nos
acercamos lentamente a la ventana. Paramos en seco. Leo en su mirada que no se
quiere asomar.
Me
acerco. Apoyo las manos en su quicio. Mi cabeza no quiere reclinarse. Miro. Mi
mente genera la imagen de lo que voy a ver. Mis ojos recorren el área para buscar
el cuerpo… No veo nada. Busco más y más. Nada. Los gatos al verme asomada empiezan
a maullar pidiendo comida. Me miran.
Me
enderezo, estoy gimiendo. Sollozo. No puedo parar. Mis pasos sin girarme van
hacia atrás. Tropiezo con la mesa del comedor y entonces me doy la vuelta.
Tengo que agarrarme con las dos manos,
me estoy mareando. Voy a caer encima de… un folio.
“Hemos venido de la mascletá. Como estáis
todos dormidos menos Delia, nos la llevamos a Mercadona para comprar cena.
Descansar. Venimos enseguida” Pilar
Las
piernas han perdido sus huesos. No me sostienen. Noto los brazos de Manolo
recogiéndome, mientras me caigo al suelo. Como en sueños oigo a Pilar que dice:
-¡Hola! ¡Ya estamos aquí! Qué bien que habéis venido, nos lo vamos a pasar fenomenal
Delia
12 de octubre de 2020
Me ha encantado tu relato, tiene mucha tensión y genera verdadera angustia.
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