lunes, 12 de octubre de 2020

DÍA DE SAN JOSÉ EN VALENCIA Delia

 


Día de San José en Valencia   

Miro al cielo como cada día, es lunes  y huele a primavera. Manolo se frota las manos  –en él es señal de fiesta-, las apoya en el volante y dice:

-¡Rumbo a Valencia! A casa de los tíos, desde su balcón se ve quemar la falla de la esquina y comeremos chocolate  con buñuelos

 Me giro para ver a nuestras hijas, están tocando palmas. Las observo, Delia dentro de una semana hace 5 años y Laura tiene 15 meses de edad. Me vuelvo a Manolo y le digo:

-Después del almuerzo que nos hemos dado seguro que se endormiscan,  Elegir la hora de la comida para entrar en la ciudad ha sido un acierto

Mis cuñados  viven en pleno Barrio de Ruzafa, cerca del Mercado y ambos están enamoraditos de nuestras hijas y ellas también, sobre todo de su tía Pilar, la hermana pequeña de Manolo. Ya estamos en el portal de la casa. Llamamos al telefonillo. Como no contestan usamos las llaves que nos han dado. El edificio es muy bonito, pero sin ascensor. Subimos los cuatro pisos con la pequeña en brazos Manolo, porque se ha dormido. Yo con la mayor despacito, escalón a escalón y cargada de trastos. Volvemos a tocar el timbre de la puerta, al no oír movimiento en el interior, abrimos.

-No hay nadie –dice Manolo- habrán ido a la Mascletá de la Plaza del Ayuntamiento. Aún tardarán.

Lo primero que hace mi hija la mayor es entrar en la casa y mirar todas las habitaciones. Luego se coloca un pequeño taburete en la ventana del salón que da a la parte interior, un patio de luces de una gran manzana y hace mención de subir a él para asomarse. Yo le digo:

-Eso no puedes hacerlo si no hay una persona mayor a tu lado -Ella me dice:

-Quiero ver a los gatitos que viven ahí. Dame algo para que coman

-Luego –le contesto yo, devolviendo el taburete a la cocina- Ahora están durmiendo la siesta

Manolo se deja caer en la cama de la habitación con la niña pequeña. Enciendo la tele, pongo dibujos a Delia. Ella se sube al sofá y me siento en el sillón de al lado.

Abro los ojos. He debido dormirme. Miro el sofá. Está vacío

-¡Delia! -no contesta, la tele sigue en marcha-.

Me pongo de pie. Voy a la habitación donde duermen Manolo y la pequeña. Recorro toda la casa

-Delia, no juegues al escondite. Por favor Delia, responde –el corazón se va a salir de su sitio. Estoy muy asustada. Corro a despertar a Manolo

-Manolo, he dormido una cabezada y no encuentro a Delia en ningún sitio –me está empezando a temblar la voz y él lo nota-, y dice: 

-Tranquila. Se habrá escondido- Me fijo en la puerta del rellano, y digo:

-No hemos dado la vuelta a la llave. 

Abro la puerta y empiezo a llamarla. Manolo se está empezando a asustar. Veo su cara crispada. Sigo llamándola, bajando escaleras. Salgo al patio. De ahí a la calle que está cortada para los coches y vacía de gente. Vuelvo a gritar su nombre. Miro el reloj. Son las 4 de la tarde. Entro. No sé cómo subo. Ni la cantidad de pensamientos que se están cruzando, ninguno bueno. La cabeza parece un tambor, las pulsaciones no están en el corazón, están ahí. Manolo está casi en el mismo sitio, pero esta vez con la pequeña en brazos.

Giro mi cabeza hacia la ventana. El taburete está allí. Manolo sigue mi mirada y nos acercamos lentamente a la ventana. Paramos en seco. Leo en su mirada que no se quiere asomar.

Me acerco. Apoyo las manos en su quicio. Mi cabeza no quiere reclinarse. Miro. Mi mente genera la imagen de lo que voy a ver. Mis ojos recorren el área para buscar el cuerpo… No veo nada. Busco más y más. Nada. Los gatos al verme asomada empiezan a maullar pidiendo comida. Me miran.

Me enderezo, estoy gimiendo. Sollozo. No puedo parar. Mis pasos sin girarme van hacia atrás. Tropiezo con la mesa del comedor y entonces me doy la vuelta. Tengo que agarrarme con las dos manos, me estoy mareando. Voy a caer encima de… un folio.

 “Hemos venido de la mascletá. Como estáis todos dormidos menos Delia, nos la llevamos a Mercadona para comprar cena. Descansar. Venimos enseguida” Pilar

Las piernas han perdido sus huesos. No me sostienen. Noto los brazos de Manolo recogiéndome, mientras me caigo al suelo. Como en sueños oigo a Pilar que dice:

-¡Hola! ¡Ya estamos aquí! Qué bien que habéis venido, nos lo vamos a pasar fenomenal


Delia

12 de octubre de 2020


1 comentario:

  1. Me ha encantado tu relato, tiene mucha tensión y genera verdadera angustia.

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