ME LLAMO CARLOS Y
LLEVO GAFAS
Tengo nueve años cuando el médico dice que me van a poner gafas y lo primero que pienso es que me voy a quedar sin amigos. Salgo del médico en silencio. Mi madre me observa, pero no pregunta nada. No sé cómo lo hace, pero a veces pienso que me lee el pensamiento. Esta vez no me puede ayudar. Entraré en clase y todos verán mi cara con las gafas. Como mínimo me dirán cuatro ojos o cegato o… vete tú a saber.
La verdad es que no me veo muy bien, incluso cuando juego al futbol, lo
veo todo borroso.
-¡Ostras! ¡El futbol! –no puedo evitar decirlo en voz alta- Don Ramón lo
dejó muy claro al principio de curso que no podíamos jugar con gafas. Ahora sí
que la he cagado, con lo bien que me lo paso, además los chicos del equipo son
divertidos y este año juego de delantero.
-¡Eh! –dice mi madre- Esa palabra, no me ha gustado –veo como levanta una
ceja, mala señal-.
Ya hemos llegado al patio de casa y subimos en el ascensor. Mi madre me
mira. No quiero mirarla, las lágrimas quieren asomarse y aprieto la boca, me he
mordido el moflete por dentro.
-¡Ay! –solo me falta esto ahora, las lágrimas aparecen- me he mordido.
-¿Qué te pasa? –me dice cogiéndome la barbilla- ¿te has hecho sangre? No
te preocupes por nada. Buscaremos unas
gafas bonitas, aunque hagamos un poquito de esfuerzo con el precio.
Me meto el dedo índice en la boca y lo saco con un poco de sangre, lo
vuelvo a meter en la boca y me lo chupo.
-Ya está. No es nada –digo, sorbiendo el moco y secándome con la manga
los ojos
No quiero que se gasten dinero por mí. Siempre van ajustados, lo noto.
Mis padres están en la cocina con la puerta abierta y me quedo en el
pasillo escuchando.
-Pedro, noto a Carlos preocupado por lo de las gafas. Parece ser que el
entrenador de él, don Ramón creo que se llama, dijo, que no se puede jugar con
gafas. Pienso, que con lo tímido que es Carlos y lo que le cuesta integrarse a
veces, eso puede ser un problema.
-No te preocupes. No creo que sea tan grave –dice el padre-. Precisamente
el otro día leí una anécdota en el periódico, que me llamó la atención. El
primer gol suizo en la Copa del Mundo lo marcó un tal “Poldi” en 1934, llegó a
jugar 17 partidos con la selección… todos con “anteojos” decía el reportaje.
Por lo que no creo sea tan difícil, adaptar unas gafas a Carlos, para que
juegue. Además estamos en 1963, no creo que haya problema.
Me asomo a la cocina. Ellos se giran y sonríen.
-Pasa pillín –dice mi padre-. Nos estabas escuchando ¿verdad?. Todo tiene
solución. No tienes que preocuparte por nada.
-Sí papá –dije- cogiendo patatas recién fritas de la bandeja -de repente,
me había entrado hambre-. Ya sé lo que le voy a decir a don Ramón cuando pase
lista. Me llamo Carlos y llevo gafas.
Sigo pensando que las gafas, aunque haya dicho el médico que no me las
tengo que quitar, sólo, me las voy a poner en clase. Bueno, también, para jugar
al futbol.
Faltaría más, que la pandilla de la calle se metiera conmigo y se riera,
sobre todo, delante de las chicas.
Delia
17 enero 2021

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