lunes, 15 de febrero de 2021

Carnicería Amparín

 

Carnicería Amparín

 

Veo alejarse a los últimos amigos y familiares que me han acompañado. Mi cabeza no refleja ningún sentimiento especial. De hecho, creo, que no siento nada. Simplemente me he dejado llevar.

Acabo de asistir al entierro de mi padre. Ha sido todo tan rápido… Una llamada en la madrugada del lunes y me quedé mudo al escuchar una retahíla de frases, que sonaban vacías.

-Paco Tengo que contarte algo –y siguió-. Pepe, tu padre, ha tenido un accidente con la furgoneta… impactado contra un camión… Ha muerto prácticamente en el acto.

-Paco ¿estás ahí?

-¡Sí! –mi cabeza procesaba la información despacio-

-Tienes que venir ya. Tu tía y yo te esperamos. Por ahora, no te preocupes de nada. Voy adelantando cosas. Hasta luego –y colgó-.

Un poco de equipaje y ya está. Qué ironía. Parece un viernes cualquiera, la vuelta a Valencia para pasar el fin de semana.

En algún momento escuché en el velatorio, que quien lo vio cuenta, que todas las piezas de la carga se desparramaron por la carretera y que aquello parecía un amasijo de cadáveres propios del accidente. Mi padre terminaba de recoger el género de toda la semana para la carnicería.

Porque mi padre en cierta manera la había modernizado. Por lo menos eso decía él. Se había organizado con otros digamos asociados y ahora ahorraban mucho tiempo, porque ya no mataban ellos los animales. Aún así, tenía que despiezar él. Antes le ayudaba mi madre, pero murió hace ya tres años

Cada trozo, tenía su sitio, solomillo, entrecot, carne para pinchos… Como buen “chacinero”, quedaba la preparación del embutido y como no, la presentación en el mostrador. Sonreir a la clientela y luego lo menos agradable, limpiar, porque la carnicería tiene que oler a limpio. Cualquier rastro de carne no encontrado, puede ensuciar el aire que se respira, así que hablo como mínimo de una hora más después del cierre de la puerta. Todo acaba, con la bajada de persiana. Demasiado trabajo.

Desde que murió mi madre, todo eran llamadas a Madrid para que volviera con él y le ayudara. Sus frases me pesaban. Sonaban monótonas. Daban sopor.

Siempre la misma cantinela:

-Aunque sólo sea en el mostrador. Me quito el sueldo del ayudante y tú vas cogiendo el aire al negocio que tarde o temprano será tuyo. No te digo que te dejes los estudios, pero aquí en Valencia también puedes hacer la carrera. Al fin y al cabo, todos, desde mi abuela Amparín, comemos y vivimos de la carnicería –y así un día y otro día -.

Toda mi infancia y parte de la adolescencia, ha pasado en la trastienda de ese dichoso negocio. Cuando vivían mis abuelos me hacían ir al matadero, Reconozco que me gustaba ese lugar. El olor de la sangre y la visión irisada en el suelo, mezclada con  grasa me trasladaban a cuadros impresionistas. Ver como ataban las patas de los corderos y con un cuchillo de filo estrecho los degollaban uno a uno.  Los cerdos colgados boca abajo con un gran agujero en el cuello, viendo fluir la sangre a borbotones, mientras las mujeres le dan vueltas en el barreño, para que no cuaje. Las Terneras abiertas en canal, como capullos de mariposa gigantes, que tenían que orearse antes de su despiece. El resto, el proceso de la carne ya no me causaba tanto interés

¿Y ahora qué? ¿Qué hago con la carnicería? Nada. Me vuelvo a Madrid.

He pasado una semana desenfrenada. Demasiado alcohol. Solo recuerdo, que me hablaron de los bares clandestinos y quise conocer uno. Así que hoy, tengo concierto, actúa Leiva. No sé nada de él. En la foto parece un gaucho. Lo que más me ha llamado la atención es el nombre del sitio “Medias Puri” ¿a quién se le ocurre un nombre así para un garito? Todos se pusieron a darme explicaciones Y por mucho que me ha contado mi amigo de toda la vida Ximo que también vive ahora en Madrid, no me atrae.

-Que si es un bar clandestino. -Que si se lleva ahora. -Que en Barcelona también hay. Y además empieza con los ejemplos: -“El armario”; en un tal “Speakeasy” necesitas contraseña para entrar; en “El paraíso” se entra por una nevera… en casi todos se puede incluso comer y hay conciertos en directo.

-¡Vale, vale!, para ya –le digo.

 

Pues nada, ya estamos delante de “Medias Puri”.

-Es una fachada muy cutre –digo nada más verla.

-Estás loco, es “vintage” –dicen casi al unísono todos- .

-Y ahora –continúa Ximo-, se lo disputan los artistas el actuar aquí. La semana que viene viene Izal

 –No lo conozco, tengo que salir más –creo que no me quiere escuchar, porque continúa hablando-.

-Y dentro de un mes Sienna para presentar su nuevo trabajo “Tiempos de impacto” y no digas que no lo conoces que te lo presenté en Valencia, por la zona de Campanar. Es valenciano, se llama Alex y estuvimos en un concierto de él hace poco, en  La sala Loco Club.

Menos mal, ya hemos entrado. La verdad es que resulta curioso. El local da paso a una nave interior enorme, totalmente ambientada para conciertos y para recibir a decenas de personas.



Empieza el concierto. No me esperaba entender las letras. Cuando ha sonado “Todo cambia nada permanece”… Mi cabeza ha empezado a funcionar como la bola en una máquina de Pinballs. ¡ESO ES! ¡Qué gran idea! Ya sé lo que voy a hacer cuando llegue a Valencia. Con el dinero que he heredado y un buen decorador inauguro la nueva “Carnicería Amparín”.

Parece que ha pasado una eternidad. Seis meses. Creo que en mi vida he estudiado tanto  para que funcione la locura esta. Lo más importante es que he aprovechado las neveras, mostradores y mucho material. A la carnicería le hemos dado un aire un poco más vintage, con cuatro cosas. El resto, lo que es la sala, lo importante es las barras puestas estratégicamente en todos los lados, el sonido… y las luces, que pueden crear varios ambientes. Vamos a dar comida, bebida… Habrá fiestas privadas, conciertos… De hecho, se inaugura mañana, y ya tenemos vendidas online el ochenta por ciento de las entradas

el último trabajo de

SIENNA

“Tiempos de impacto”

 

Fecha: 15 de febrero de 2021

Lugar (barrio de Ruzafa):  Carnicería Amparín

Hora: a las 22’30h

 


Ha empezado el concierto. Todo va perfecto. Primero suena Como dos cometas, me gusta esa canción. Luego, mientras me dirijo con la cartera de la recaudación a mi despacho, se escucha Solo te noto a ti. Estoy delante de la caja fuerte y he oído un ruido a mi espalda, ahora lo que se oye es Épico y mortal. Me doy la vuelta y tengo a un niñato a mi espalda con un cuchillo de los míos amenazándome

-Quiero el dinero. Rápido.

Leo el miedo en sus ojos y que va muy pasado. No me muevo. Los pies creo que no me responderían. Intento encontrar algo en mi cabeza para disuadirlo. Lo intento. No me escucha. Empieza a ponerse nervioso. Estamos a muy poca distancia. Por mi cabeza pasa todo lo que me ha costado montar esto. Miro su mano izquierda la que tiene el cuchillo y que acaba de levantar, hace un pequeño malabar y lo pone con la punta hacia abajo en señal de causarme miedo. ¿Lo tengo? Su brazo parece una palanca de embutir. Instintivamente levanto mi brazo derecho, cojo su mano y la dirijo con fuerza hacia su bazo. El cuchillo queda clavado. Sus ojos de sorpresa y su otra mano se dirigen hacia allí. La sangre empieza a salir. Pienso que el bazo es un órgano que no le damos la importancia que tiene. ¿Pero qué hago? Mi mano va por delante de mi pensamiento. Saca el cuchillo. Él al mirar hacia la herida baja la cabeza. Yo levanto el brazo y lo apuntillo. En la cruceta, como tantas veces he visto hacer. El cuerpo cae al suelo. Me dirijo hacia la puerta y cierro con llave. Piensa rápido, cabeza, piensa rápido, me dice la voz.

Me dirijo a la otra sala, a la del congelador. Cierro la puerta, también con llave. Tengo poco tiempo. El concierto durará una hora más. Me dirijo a un cajón. Cojo el escualador y elijo dos cuchillos. Despacio los afilo, el finito para descarnar, largo para picar carne. ¿Quién ha dicho que no soy chacinero? Soy todo un artesano del embutido y lo voy a demostrar. A ver, pongamos los ingredientes en marcha, el colorante un 20 por ciento de grasa, la tripa para embutir... No me tengo que olvidar de nada.

Muy importante -me dijo la voz-. Tendrá que esperar en la nevera. Hay que tener la pieza colgada una semana para que se ablande, antes se haya desangrado y sin casquería o como vulgarmente se dice, tripas.

Y como decía mi bisabuela Amparín, mis abuelos y después mi padre:

-Después del trabajo, hay que limpiar bien. Una carnicería que se precie, no debe oler a carne.

 

Delia

15 de febrero de 2021

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