viernes, 20 de noviembre de 2020

Textos escritos en la clase del 16 de noviembre

 

César:

Me gusta tener un espacio propio en compañía, un sitio donde probar y donde probarme, donde aprender a leer y a leerme, donde estar fuera del mundo para poder entenderlo. Un lugar donde poder invitar a unos cuantos a que participen con sus historias, sus alegrías y sus problemas. Donde intentar saber por qué raspa, por que duele o por qué da risa. Con sus descubrimientos inútiles y sus errores catastróficos. No tengo ni idea de lo que busco, puede que lo que me gusta en realidad sea el hecho de buscar.

 

Rafa: 

Todos los años sufro un accidente.

—Cariño voy a arreglar el enchufe de la terraza.

—Te he dicho mil veces que llames a un electricista.

—¿Un electricista? Cincuenta euros más el desplazamiento. Eso lo arreglo yo en un pis pas.

—Ni se te ocurra ¿estás loco?

—Por cincuenta euros pierdo el sentido.

—Pues deja que quite los plomos, no vaya a ser que lo pierdas de verdad.

—¿Los plomos? Grita mi hija enchufada al ordenador. Ni se te ocurra.

—No hace falta que los quites, cielo. Total sólo es conectar dos hilos, el marrón con el positivo y el azul con el negativo.  ¿O era al revés? —pienso. 

—BZZZZZ. Clic. Plomos fuera. Casa a oscuras.

—Era al revés —concluyo— al  ver tres caritas mirándome desde arriba.

Un dedo chamuscado y un pequeño corte en el labio al golpearme con una silla. Noto el flujo salado de la sangre en mi mejilla. Lo limpio con mi lengua.

—¡Hay que ver pedazo de cabestro!.... Ya lo decía mi madre: “El buey suelto bien se lame”.

 

 Delia: 

Me gustaría que la gente que quiero no cayera en los errores que he superado. Me doy cuenta también, que llego más a quien no me conoce que a quien cree conocerme. Y tengo miedo a los que tienen poder, a que se les escapen las riendas una vez acaban la carrera. Esa carrera escupe a los de a pie, más aún si las ideas que salpican son negativas. Escribo para cambiar el proceso de caída de esas fichas de dominó que les lleva a ese miedo... a ese miedo. Nada me aterroriza más que el miedo.

 

Josep: 

Si aceptamos que se puede nacer en un color, creo que yo nací en el gris; luego, año tras año, fui buscando otros colores, aunque a decir verdad todos se mezclaban, todos se ensuciaban un poco con ese no color, con esa indecisión cromática. Solo con el paso del tiempo conseguí “desaprenderme” lo necesario para poder pintar mi comedor de un color gris precioso; al tiempo le debo el olvido suficiente y ahora solo me gustaría que la gente que quiero no cayera en los errores que he superado.

 

 Sara: 

No sabía si ir a misa o a El Corte Inglés. Mi padre me presionaba sin querer con su silencio beato, mientras descolgaba la chaqueta. Ir a misa me parecía un verdadero tostón. En realidad, me apetecía mucho más el plan de acompañar a mi madre a la Semana Fantástica. Podía tratar de sacarle la nueva nave de Lego Espacial.

—Entonces, ¿te vienes? —quiso saber mi padre bajo el umbral de la puerta.

Por otro lado, ¿de qué me servía todo el Lego del mundo si luego iba derechita al infierno?

—Vale.

Tomar decisiones me ponía nerviosa y triste; era como morir un poquito. Y más si tenía que decidir entre mi padre y mi madre. Desde la infancia, el género y la ansiedad siempre me han acompañado.

 

 Álvaro: 

El buey suelto bien se lame. Mi abuela siempre me lo decía. Hijo, tienes que ir a tu aire. No te preocupes de lo que digan los demás. Puedes decir que sí, suele ser mejor que piensen que estás de acuerdo; pero luego tú haces lo que te parezca. No dejes que te organicen la vida.

Esta opinión tenía bastante mérito, para venir de una mujer que tuvo ocho hijos y nunca trabajó fuera de su casa. Yo siempre he intentado seguir este valioso consejo, y eso que no es nada fácil: decirle a los demás lo que tienen que hacer es el vicio más feo y antiguo de la Humanidad. Si aceptas lo que te digan, vivirás más tranquilo, es verdad, pero nunca alcanzarás tus sueños. Yo me he llevado algún disgusto que otro, pero ahora puedo decir que, cada mañana, sólo mis sueños condicionan mi despertar.

 

 

 

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