GRolf -acrónimo castellano-
- ¡Tú, déjate llevar! Sólo preocúpate de diseñar un campo que sea digno de llevar tu nombre, le propuso el Regidor, después de haberle nombrado Hijo Predilecto en aquel pueblo en la Serranía Jienense.
Bajo la sombra de un roble Rodrigo Gutiérrez, contempla la inmensidad de aquel imaginario campo de golf en Guarromán -en árabe Uādī-r-Rommān, que curiosamente y traducido al castellano significaría algo tan glorioso como río o arroyo de los granados-.
Él, hastiado de arar con el palo tres, su favorito, la grama verde de los greens de todo el globo, pergeñó en su cerebro algo divergente de la repipi tradición golfista británica. Tenía que ser acorde al marco de su lugar de origen. Así que garabateó en el suelo, a grandes rasgos, las nuevas reglas de aquel deporte -si es que intentar romper con un hierro una pelota y vagar de agujero en agujero era digno de aquel nombre-. El “Guarro-Golf” - acrónimo GRolf-.
El “Guarro-Golf” acercaría al vulgo aquel juego de élites ruines. No más grama, no más cadies, nada de cochecitos eléctricos, se acabaron los caterings regados de champagne y foie gras en las baguettes. La grama era ahora tierra, los desniveles vaguadas, barrancos y un torrente. El cadie, un gamberrillo de trece años con pantalones raídos y en los bolsillos varias ranas. Los coches son borricos con alforjas. La comida gurullos con magro y aguardiente. El lago barrizales donde no se ven grullas y solo los gorrinos se revuelcan. -Gruñen felices los guarros- piensa Rodrigo.
Surgiendo entre las ruinas del castillo se le acercan. Grupo de jubilados renqueantes royendo palillos entre dientes. Los niños desarrapados van casi rodando. Gorros de paja en vez de gorras con visera. Alpargatas de esparto. Ropas entre marrones y grises, collage triste de retales. Caras rudas, manos agrietadas, voces roncas. Grave desfile de gruñones. Gañanes del dominó en los bares, desfilando, como en un entierro, rumbo al roble donde Rodrigo - orgullo del vecindario- los agrupa.
- ¿Y esgo de gué se grata? rumia con voz grave aquél gangoso.
Rodrigo se levanta.
- ¿Todos lleváis la tranca? les pregunta.
- Los viejos arrancan del suelo sus garrotas, los zagales el trozo de una rama.
- Se trata de girar el bastón y con la agarradera hacer rodar de un golpe este guijarro negro.
- ¿Hasta gonge? repite el pertinaz gangoso.
- ¡Hasta gonge te de te la gana!, replica Rodrigo.
- ¿Y quién triunfa? pregunta con guasa el mas roñoso.
- Tras el roquedal, reposa el pueblo. Gomorra de gatos, Roma de gamberros, remanso de rocas y de grutas, arrullo de chicharras y de grillos. ¿Que quién gana? me preguntas.
- Vence Guarromán, el pueblo entero.
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