EL OCTAVO DÍA
Dicen que fue sin previo aviso, pero yo lo presentía ; la noche anterior una bandada de cuervos de plumaje negro que volaban en hilera pasaron rozando mi ventana; todos giraron el pico hacia mi y me miraron con ojos teñidos de pánico; no los conté, pero estoy seguro de que eran ocho. El séptimo día Dios descansó, dando por finalizada su obra, Génesis 1:1-2:3. En el octavo día ha decidido aniquilar las tinieblas en favor de la puta luz.
No deja de hacer maldades como cuando yo era niño; cortaba con mi navajita la cola a lagartijas arrinconadas entre piedras por el placer de calcular cuanto tiempo ese apéndice podría zigzaguear por su cuenta.
Su Obra no ha llegado al final. Cuando se aburre hace tonterías, remueve el terrario con sus dedos regordetes de niño pequeño para observar como se vienen abajo los Legos, aplastando a las pequeñas criaturas de su creación; Otras lanza piedras al azar; ahora se ha empecinado en terminar con las noches. ¿Que será lo siguiente?.
Me sobresalta el crujido de la puerta de mi celda al abrirse; es el hermano sacristán, Fray Luis, me dice, recuerde que hoy preside usted los Oficios. Coloco la estola sobre mi cuello avejentado y salgo hacia la capilla entonando el Pantocrátor.
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