domingo, 29 de noviembre de 2020




EL OCTAVO DÍA







Dicen que fue sin previo aviso, pero yo lo presentía ; la noche anterior una bandada  de cuervos de plumaje negro que volaban en hilera  pasaron rozando  mi ventana; todos  giraron el pico hacia mi y  me miraron  con ojos teñidos  de pánico;  no los conté, pero estoy seguro de que eran ocho. El séptimo día Dios descansó, dando por finalizada su obra, Génesis 1:1-2:3. En el octavo día ha decidido aniquilar  las tinieblas en favor de la puta luz.

 

   No deja de hacer maldades  como cuando yo era niño;   cortaba con mi navajita la cola  a lagartijas arrinconadas entre piedras  por el  placer  de calcular   cuanto tiempo ese apéndice podría  zigzaguear por su cuenta.

 

   Su Obra no ha llegado al final. Cuando  se aburre hace tonterías, remueve el  terrario con sus dedos regordetes de niño pequeño para observar como se vienen abajo los Legos,  aplastando  a las pequeñas criaturas de su creación; Otras lanza piedras al azar; ahora se ha empecinado en terminar con las noches. ¿Que será lo siguiente?.

 

   Me sobresalta el crujido de la puerta de mi celda al abrirse; es el hermano sacristán, Fray Luis, me dice, recuerde que hoy preside usted los Oficios. Coloco la estola sobre mi cuello avejentado  y salgo hacia la capilla entonando el  Pantocrátor.

 

 

 

 

 

  

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