Tengo que escribir esto ahora que no está. Se ha ido al baño, creo. O a hablar por el móvil con sus amigos. Esos tan sofisticados de los que no para de hablar y nunca me presenta. Ni siquiera los invita a casa. No me atrevo a decirle esto en voz alta así que lo dejaré aquí por escrito. No creo que pase nada, pero estos últimos días la cosa se está desbordando.No lo soporto, no puede ser. Lleva toda la mañana detrás de mí, mirando por encima del hombro todo lo que escribo, suspirando a cada frase, a cada error, a cada elección de palabras. Suspira incluso hasta cuando borro. Me hace sentirme mal, ridículo, indeciso. Ahora que estoy tan cerca del final pretende confundirme ¡A mí! No aprecia mi arte. ¿Es que no sabe quien soy yo? ¡Maldito niñato imbécil!¡!Malnacido! Todos me conocen desde hace más de veinte años. No como a él. Tengo que salir a la calle con gorra y gafas de sol. O por lo menos así era antes. Antes de que mi editor me convenciera para meterme en esta casa enorme en mitad de la nada. Allí estarás tranquilo y podrás volver a escribir, decía. Enciérrate allí con tu asistente y verás como todo vuelve a fluir. Ya llevo casi un año sin salir de esta casa siniestra, ¿o son dos?, trabajando con él por aquí cerca. Tengo un montón de folios escritos y todo está fluyendo de nuevo. Nadie se ha olvidado de mí. En cambio, ¿Quién es él? ¿Se cree un gran autor por ayudarme a salir del bloqueo? Si hasta su seudónimo es el nombre de uno de mis personajes. ¡Un homenaje, dice! No es más que una petulante mofeta infecta, jajaja, se lo tengo que decir cuando vuelva. La mejor primera novela que se recuerda, dice el New Yorker ¡Venga ya! Si escribe como un párvulo. No tiene vocabulario suficiente, sus personajes son clichés. Si ni siquiera lee, como va a escribir. Oigo sus pasos…
Es increíble, es como un niño. No entiendo como un gran autor ,como él, ha caído tanto. Antes, sus libros eran luminosos, sus tramas adictivas. Era capaz de generar estructuras complejas que potenciaban la historia pero que se seguían perfectamente. Era un mago. Por eso lo ganó todo, fama, dinero, premios… Pero supongo que todo se agota. Estoy cansado de aguantarlo. No es más que un viejo paranoico y suspicaz. Ya casi no escribe nada interesante. Ha caducado. A finales de mes en cuanto acabe mi novela me voy. Aunque el editor no me pague. Ya me buscaré otro. Pensé que podríamos hacer amistad, que podría aprender de un genio como él, pero creo que el hombre al que admiraba se ha ido. Ya no está.
¡Joder, son las cuatro de la mañana! ¡Que calor! La historia me bulle en las venas. Me quema por dentro. Estoy chorreando, y tengo escalofríos, como si tuviese fiebre. Tengo que darme prisa, tengo que cambiarla, tengo que corregirla ahora. Tengo que sacármela mientras me hierve dentro, cuando tengo el sentimiento caliente. No puedo dejarlo irse, sentir cómo se apaga, cómo endurece mis tripas y seca mi piel, cómo se descama y caen al suelo sucio los pétalos de sal reseca, la escoria, dejándome como un páramo estéril.
¡No puede ser, no encuentro los folios! ¿Dónde están? No están en el escritorio, ni en el ordenador. Las correcciones tampoco. Se me va a apagar. Lo noto, lo voy a perder todo y no volveré a encontrarlo y todo será aún peor que al principio. Volveré al pánico del desierto blanco de la pantalla, al vibrar acusatorio del cursor, al silencio de los disparos de las teclas. ¡Vamos! ¿Dónde está? ¡Busca! Estoy seguro de que la dejé aquí, junto al ordenador. ¡Seguro que ha sido él! ¿Por qué tiene que moverme todo? ¡Me las ha quitado! Sí, seguro. Quiere que me vuelva loco. Ansía mi posición. Quiere copiarme, succionarme poco a poco las ideas. Exprimirme.
Llevo llamándole a voces horas y no aparece. ¿Dónde se ha metido? Esta casa es enorme pero tiene que estar en algún sitio. Creo que en esta habitación ya he estado antes. ¡Son todas iguales! Veo el coche desde la ventana, así que no puede haberse ido. ¿Porqué me tortura así? Tengo que encontrarle.
¿Qué ha pasado aquí? No me lo puedo creer, la casa está destrozada. Los cajones abiertos, las camas revueltas y todos los papeles por el suelo. ¡Dios mío! Es como si hubiera pasado un huracán furioso por la cocina. Cada día está peor. Yo ya no puedo más. Me voy hoy, lo tengo decidido. ¿Dónde se habrá metido? No lo encuentro por ningún sitio. Voy a hacer la maleta y me voy cagando leches. Un momento. ¿Dónde están mis cosas? ¿Y mi novela? ¡Viejo cabrón envidioso! Seguro que me la ha quitado. Menos mal que tengo copias en el disco duro. Un momento… ¡El ordenador está abierto y lo ha borrado todo! ¿Cómo ha adivinado la clave? Me lo ha vuelto a hacer. Siempre me hace lo mismo ¡Siempre!¡Siempre!
domingo, 8 de noviembre de 2020
Musas cautivas
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