Primer ejercicio (miedo).
Punción lumbar
El silencio entre los dos es un silencio nervioso, solo acompañado
por el sonido de su respiración entrecortada. Alfabeto morse de un desencuentro.
- -Venga
Paco, quítese la ropa que ahora viene el médico.
No le ha gustado él tono de la enfermera y menos sus palabras.
La ha mirado con desprecio. Reconozco esa mirada. Una mirada entrenada, igual
que su silencio. No es un silencio neutral es un silencio beligerante, rozado
por el resentimiento.
Está enfadado. Esta mañana se ha saltado el ayuno para no hacerse
la prueba, pero el doctor dice que seguirá igualmente con la punción lumbar programada.
Parece que su cuerpo se ha llenado de silencio. Un scanner muestra
que su cerebro está perdiendo simetría, se está desequilibrando. Una zona de su
masa encefálica se ha rodeado de agujeros. Huecos donde caen las palabras para
quedarse quietas, en silencio.
- - Papa,
¿te ayudo? No responde. Más silencio.
Es un silencio fuera de escala, casi inhumano, contra natura.
Sentado en la camilla, se quita la ropa con desgana. Mientras,
lo miro desde un rincón del cuarto con una mezcla de pena y miedo.
La habitación del hospital es de un blanco apagado, como su pequeño
esqueleto. Vejez mate. Monocromía rota por un testículo rosado y curioso que
asoma debajo del calzoncillo.
En el brazo izquierdo lleva escrita a bolígrafo tembloroso la
dirección de casa y número de teléfono.
Sus silencios se han apoderado de él, no le salen las
palabras, solo sílabas silenciosas. De niño tampoco entendí sus silencios perpetuos
de domingo por la tarde. Mi madre mareada con ventanilla medio abierta y el
humo del Chester Field apoderándose del coche hasta llegar a casa. Paisaje de
humo y silencio. Un silencio que dolía. Un vacío en el que yo inventaba los diálogos
para llenar de texto las viñetas que faltaban.
Irrumpe ahora el Doctor en la habitación acompañado de una
enfermera.
- - Que
tal Paco. ¿Cómo se encuentra? -No contesta.
- - Bueno,
no se preocupe y colóquese en posición fetal.
- - Le
vamos a poner anestesia epidural y le haremos la punción lumbar. Vamos a tomar
una muestra de líquido cefalorraquídeo.
- -¿Me
ha entendido?
Mueve la cabeza y asiente, pero sigue inmóvil tumbado en la
camilla. Nos mira en silencio. Su cerebro no ha entendido la mitad de las
palabras. La enfermera toma la iniciativa, dobla sus rodillas y hace que se sujete
las piernas con sus brazos.
El doctor introduce en su espalda una larga jeringuilla. Cierro
los ojos.
Paco Florentino.
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