lunes, 2 de noviembre de 2020

Punción lumbar. (Primer ejercicio. Miedo.)

Primer ejercicio (miedo).

Punción lumbar

El silencio entre los dos es un silencio nervioso, solo acompañado por el sonido de su respiración entrecortada. Alfabeto morse de un desencuentro.

-            -Venga Paco, quítese la ropa que ahora viene el médico.

No le ha gustado él tono de la enfermera y menos sus palabras. La ha mirado con desprecio. Reconozco esa mirada. Una mirada entrenada, igual que su silencio. No es un silencio neutral es un silencio beligerante, rozado por el resentimiento.

Está enfadado. Esta mañana se ha saltado el ayuno para no hacerse la prueba, pero el doctor dice que seguirá igualmente con la punción lumbar programada.

Parece que su cuerpo se ha llenado de silencio. Un scanner muestra que su cerebro está perdiendo simetría, se está desequilibrando. Una zona de su masa encefálica se ha rodeado de agujeros. Huecos donde caen las palabras para quedarse quietas, en silencio.

-           - Papa, ¿te ayudo? No responde. Más silencio.

Es un silencio fuera de escala, casi inhumano, contra natura.

Sentado en la camilla, se quita la ropa con desgana. Mientras, lo miro desde un rincón del cuarto con una mezcla de pena y miedo.

La habitación del hospital es de un blanco apagado, como su pequeño esqueleto. Vejez mate. Monocromía rota por un testículo rosado y curioso que asoma debajo del calzoncillo.

En el brazo izquierdo lleva escrita a bolígrafo tembloroso la dirección de casa y número de teléfono.

Sus silencios se han apoderado de él, no le salen las palabras, solo sílabas silenciosas. De niño tampoco entendí sus silencios perpetuos de domingo por la tarde. Mi madre mareada con ventanilla medio abierta y el humo del Chester Field apoderándose del coche hasta llegar a casa. Paisaje de humo y silencio. Un silencio que dolía. Un vacío en el que yo inventaba los diálogos para llenar de texto las viñetas que faltaban.

Irrumpe ahora el Doctor en la habitación acompañado de una enfermera.

-           Que tal Paco. ¿Cómo se encuentra? -No contesta.

-            - Bueno, no se preocupe y colóquese en posición fetal.

-           - Le vamos a poner anestesia epidural y le haremos la punción lumbar. Vamos a tomar una muestra de         líquido cefalorraquídeo.

-            -¿Me ha entendido?

Mueve la cabeza y asiente, pero sigue inmóvil tumbado en la camilla. Nos mira en silencio. Su cerebro no ha entendido la mitad de las palabras. La enfermera toma la iniciativa, dobla sus rodillas y hace que se sujete las piernas con sus brazos.

El doctor introduce en su espalda una larga jeringuilla. Cierro los ojos.

Paco Florentino.


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