sábado, 12 de diciembre de 2020

Dos de caldero






Paella, marmitako, olla gitana o podrida. Alquimias metálicas del guiso.

¡Dos de caldero!

Ya viene humeando por la sala. Caldero negro, casi incandescente. Arroz de infierno. Fundido. Marrón glacé murciano. Lloro cuando reposas en mi plato y lloraré esta noche y lloraré mañana cuando seas tormenta en mis entrañas. 

 · 100 gramos de arroz.

Célula blanquecina, átomo de cocina que tiene mil vestidos. Atragantado en agua, bronceado de aceite y reposado en jugos.

 · 2 ñoras.

Dulce papel estraza; momia nonagenaria expuesta al sol poniente, rojo deconstruido.  

· 1 cabeza de ajos.

Medicina de olor. Venida de Siberia escapada de un gulag. Abrigada de capas, escondes la blanca desnudez de una novicia. Cocaína del pobre y aflicción del rico.

 · 1 tomate.

Corazón de pepitas, sangre de la verdura. Quejido en el aceite, cadáver en sofrito.

 · 1 litro de caldo de pescado.

Madrugado en un barco. Entre un vapor de redes, eres fumet de espinas-espíritus marinos que nadan en un barrizal de sal y especias-. 

 ¡Ah! ….Y una botella de buen vino.


Y te llevo a mi boca pegado a la cuchara, transformado lo cóncavo en convexo. Unicidad de granos soldados en una bola espesa. Sin masticar discurres, sin respirar te siento con un ligero picor en las papilas. Y una tras otra -orgía de cucharas- contracciones y flujos te reclaman en el pozo sin fondo de mi ombligo. 

 

Senderos de azafrán quedaron en el plato, restos de mil cadáveres, arrojados, sin responso alguno, a la tremenda panza. 

 

Me derrota la gula, me invade la lujuria, la pereza me grita:

 

“Acho” ¡Toy perdío!

 

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